Mi querido ¿viejo?

Parto de una anécdota real, sin ficción `donde cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia’, siendo la siguiente: daba clases para el nivel medio de secundaria (noveno grado o tercer año) la cual comenzaba a las 7:00 am, donde había un jovencito que era reincidente en las llegadas tardes – 10 o 15 minutos –, generando los trastornos propios de quién interrumpe. 

Por supuesto se hubo de conversar en más de una ocasión, pero nada. No me quedaba otra de citar a sus padres a modo de colaboración y apoyo. 

Para lo cual le dije al adolescente, «por favor dile a tu vieja, que venga mañana para conversar acerca de la puntualidad» 

Al día siguiente, se presentó la mamá del estudiante y una vez presentado ambos, cuando comenzaba a explicarle la necesidad de…, la señora me detuvo y me respondió: «mire profesor, por lo visto usted no es de mi nacionalidad, pero… ¡más vieja será su señora madre!» 

Está de más que hubiese querido que `la tierra me tragase’ en ese momento, pedí disculpas, le explique a la señora, pero su rostro era inamovible dada la ofensa, por tanto, lección aprendida; por lo visto mi fortaleza en cuanto al etnocentrismo[1] no era aún lo suficientemente fuerte y arrastraba el lenguaje de mis ancestros. 

Que por supuesto detrás de cada error hay una enseñanza – la cual debo continuar superando –, y es el uso correcto del lenguaje, donde una palabra puede tener diferentes significados como es el caso de las palabras homófonas aquellas que se pronuncian igual, pero tiene significados diferentes y en el caso que se escriban iguales, con significados diferentes se catalogan como homógrafas

Que, de retomar la anécdota, en mi cultura decir vieja es señal de cariño, aprecio, amor, halago que sea hace a una persona que, durante muchos años, muchos han estado a tu lado como madre/padre, abuela/abuelo educándote, mediante consejos posiblemente heredados de sus progenitores o bien de sus propias experiencias de lo que es bueno y es malo, aunque nunca hayan tenido la posibilidad de asistir a la escuela.   

Para otros las opciones son muchas: mi papa, papá, mamá, inclusive cuando anteponen al nombre de la persona la palabra Don o Doña – vocablo de origen hispano muy usado protocolarmente que antecede al nombre de la persona y que se usa como una expresión de respeto, cortesía o distinción social -. 

Tal vez la moraleja de este artículo es: `A las personas mayores, hay que quererlas’, sin importar las distancias, ni los desacuerdos, sin la búsqueda de quien tiene la razón o no, y sí están vivas, más y de no ser así, siempre mantenlas en tu corazón.